Un blog de vinos por aficionados, para aficionados. Mas que un blog, nuestro cuaderno de notas.



27 mayo, 2018

Otro Semillón a tu salud, dos años después

No puedo fallarte viejo en esta tradición que solo lleva dos años, pero que para mí ya es irrenunciable. Mi último vino con vos fue ese Semillón de Casona López, que aquella noche saboreaste como hacía rato no hacías. Qué lindo la pasamos. Quién me iba a decir que ese sería el último. Muchas veces hacemos las cosas casi mecánicamente sin saber si quiera si las volveremos a repetir alguna vez, pero esa cena, sin saber lo que vendría luego, fue especial, casi mágica, porque hacía tiempo que no disfrutábamos juntos de un vino, como hacíamos antes, cuando yo aún era un pendejo que no sabía nada de nada de esta bebida que hoy me apasiona. Cuando volvía a Venado desde la Facultad recuerdo que los sábados por la tarde íbamos juntos al supermercado y caminábamos las góndolas a ver qué elegíamos para acompañar la cena que hacía la vieja. Sin saberlo vos y sin saberlo yo, estabas enseñándome a disfrutar de un buen momento y de una buena copa de vino. Pasaron muchos años y ese ritual continúa intacto, sigo bebiendo únicamente los fines de semana y sigo eligiendo el sábado por la tarde el vino que beberé por la noche.

Para este año, uno más desde que no estás, descorchamos a tu salud ese infaltable Semillón, desde ahora mi cepa blanca preferida. No es fácil conseguir en España monovarietales de esta uva, así que de regreso a España el año pasado compré en el aeropuerto un MENDEL Semillón 2017 que lo guardé hasta hoy. 






Sin dudas se trata de un vino único, de un viñedo único de más de 60 años localizado sobre los 1100 msnm, en Paraje Altamira (Valle de Uco). En vista luce un amarillo pajizo cristalino, limpio, glicérico, de aromas perfumados con matices florales y algo de melocotón blanco (bastante alejada de los edulcorados tropicales aburridos de los blancos tradicionales). En boca resulta fresco, muy mineral y perfectamente equilibrado. Creció con la oxigenación y seguirá creciendo en botella sin dudas.
(se recomienda su consumo entre 2017 y 2032). 

Sin dudas un excelente Semillón, quizá entre los mejores de Argentina en esta cepa! Estoy seguro que lo hubieses disfrutado mucho viejo! 

A tu salud, donde quiera que estés.

Rumbovino

17 mayo, 2018

Naturales de Italia

Hace unos días atrás, aprovechando que estaba por Madrid, nos acercamos hasta Reserva y Cata, para participar de una degustación de vinos naturales Italianos, invitados por Antonio Sicurezza y Ezequiel Sanchez Mateos. Catamos vinos procedentes de tres bodegas localizadas en diferentes regiones de Italia. TENUTA BELVEDERE (Lombardía, Oltrepò Pavese), SIEMÀN (Véneto, Colinas Béricas) y TERRA DI BRIGANTI (Campania, Sannio). En total probamos 12 vinos, 4 de cada bodega, todos naturales, casi todos sin sulfitos agregados y todos, cada uno en su línea, con mucho que contar. 

Quienes suelen seguir este blog con cierta frecuencia saben que no somos muy adeptos a los post interminables en los que se describen infinidad de vinos, por lo que este tampoco será excepción a la regla. Como decía antes, cada uno de los vinos que probé me ha gustado mucho por diferentes razones que en su momento comentaré, pero de esta cata en particular tengo que reconocer que me sorprendieron muy gratamente los blancos WAI 2016 (espumoso 70% Pinot Nero y Riesling Itálico) y Pinot Grigio 2016 (100% Pinot Grigio) de bodega Tenuta Belvedere, Camaleonte 2016 (70% Garganega y partes iguales de Tai Rosso, vinificado en blanco, e Incrocio Manzoni), Mosca Bianca 2016 (60% Moscato Bianco y Garganega) y Occhio al Bianco 2016 (60% Tai Bianco y Garganega) de bodega Siemàn y Nato Nudo Fiano 2016 (100% Fiano) y el extraordinario Coda di Volpe 2017 (100% Coda di Volpe, Cola de zorro por la forma que tienen los racimos de esta uva) de la bodega Biodinámica Terra di Briganti.

Aunque no debería hacer falta aclararlo me gustaría decir que destaco los blancos porque soy más de tintos, y por lo general cuando voy a catas de este tipo son los tintos casi los únicos que me llamaban la atención, pero lo cierto es que poco a poco esa tendencia personal está cambiando y con vinos blancos como estos, el equilibrio cromático llegará más temprano que tarde.

Me he traído varias botellas a casa, así que en la medida que las vayamos descorchando iré contando con más detalle de cada uno. Por lo pronto, y siempre con la intención de equilibrar el abanico de colores, les hablaré de un tinto que me encantó en la cata y se confirmó por botella, en casa y buena compañía.

COCCÌNEA 2014

Uva: Croatina 100% (cepa autóctona característica de la región de Oltrepò Pavese)

Viñedos: Provincia di Pavía (Lombardía), donde las vides crecen sobre suelos argilo-calcáreo de origen marino.

Vino proveniente de una añada fría y con lluvia que dio lugar a un vino rústico y auténtico. Las uvas se recogen a mano y se dejan fermentar el mosto con las pieles y a temperatura controlada durante 15 días con remontadas diarias. Al final de la fermentación alcohólica, se coloca en depósitos de cemento en los que tiene lugar la fermentación maloláctica. A continuación descansa 8 o 9 meses hasta que se embotella, precedido de un único trasiego. Antes de salir al mercado, se deja en botella de 10 a 12 meses. No se utilizan sulfitos, ni durante la vinificación ni durante el embotellado. El nombre Coccìnea significa rojo escarlata en latín y también da su nombre a una familia de plantas (Banksia Coccìnea, comúnmente conocida como Banksia escarlata). Producción anual de 4000 botellas. Alcohol 13% vol. 








Color rojo picota con ribetes violáceos, capa media alta, lágrimas viscosas y delgadas. En nariz necesita aire para abrirse, no hay que apurarse, es más de susurros que de gritos a viva voz, pero con algo de tiempo (15-20 minutos) expresa mucha complejidad, dominando las notas minerales (tiza y talco) acompañadas por hierbas aromáticas (quizá laurel, orégano, menta fresca) y un fondo de fruta roja muy sutil. La boca es firme, con taninos algo angulosos aún pero que no molestan en absoluto y expresan fielmente las características de la uva que los pare. Fresco, mineral y final medio, no muy largo, pero suavemente amargo que invita a seguir bebiendo

Apuntes personales: Ya no es novedad para quienes nos siguen que este tipo de vinos cada día me cautivan más. Menos fruta y más tierra, de esos que no suelen gustar por golosos al primer trago sino que hay que dejarse atrapar poco a poco, trago a trago. A mi entender, este tinto rompe varios conceptos que parece que algunas personas “antinaturales” aún no terminan de tener claros. Primero los que piensan que estos vinos no tienen vida por delante (este no es viejo pero lleva ya 4 añitos encima y está para vivir otros tantos sin siquiera despeinarse), que todos saben igual, que la calidad es discutible y que solo son una moda más que se va a acabar. Creo que con vinos así esto de los vinos naturales llegó para quedarse. Claro que para sostener y afianzar esta tendencia hay que ser profesional y tomarse este trabajo muy en serio. En España se va por el buen camino, pero hay que ir mejorando día a día para ganarse la confianza del consumidor y seguir creciendo para no ser solo una moda pasajera.

Nuevamente dar las gracias a Antonio y Ezequiel por la invitación, a pesar de no saber ni quién era yo. Realmente ha sido una experiencia muy interesante en la que he aprendido mucho y en la que me he podido acercar un poco más a la naturalidad de los vinos italianos, hasta hace nada, unos perfectos desconocidos para mí.

Buena vida y naturales vinos,

Salute, Rumbovino.

Casi 8 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

29 abril, 2018

El adiós a Las Delicias con El Carro

“Todo concluye al fin, nada puede escapar, todo tiene un final, todo termina…” rezaba la mítica canción Presente, de Vox Dei allá por la década del 70 . Ni mejor ni peor, es así…todo termina.

En lo personal creo que los finales más tarde o más temprano terminan siempre dejando un sabor amargo, que no tiene que ver con que ese final haya sido malo o bueno, o triste o alegre. Es más profundo que eso, es saber que eso ya no volverá a estar o no volverá a suceder, es esa especie de resaca que te queda luego del subidón de adrenalina que te inunda el cuerpo al pasarlo muy bien –o muy mal-. Siempre, lo que sigue luego de eso es un dejo melancólico o nostálgico que solo el tiempo se encarga de templar.

Algo así he sentido hace un par de sábados atrás, cuando luego de 5 años mi amigo Rafa ha cerrado su local de vinos -templo del vino diría yo- “Las delicias del 69” en la Plaza de Abastos de Lugo. 

Desde el día que lo conocí, casi de casualidad paseando por allí una mañana de sábado del año 2013 (yo aún vivía en Argentina en aquella época), consideré su tienda como el mejor comercio de vinos de Lugo. Rafa tenía claro lo que quería vender y cómo venderlo. En las delicias encontrabas los vinos que nadie tenía, siempre apostó por los pequeños y medianos productores, por bodegas y viticultores poco conocidos, por aquellos que respetan el terruño y por poner precios democráticos a los bolsillos de los interesados. Siempre me llamó la atención su predisposición a educar a los clientes más que a venderles. Podrías llegar pidiendo el vino más caro de la tienda que él te terminaba vendiendo el más barato, porque primero había otras cosas que probar y mucho que aprender antes de disfrutar del de mayor coste. Eso claramente es inculcar la cultura del vino. Qué extraño, no? En un mundo movilizado por el consumismo y la venta fácil y rápida, este tipo tenía la costumbre de ir al revés de lo que está mandado y antes de vender quería enseñar! Cosas de los grandes… 

Y no cometan el error de pesar que cerró porque le iba mal con su filosofía de venta. Cerró porque a veces en la vida debemos tomar decisiones, y las decisiones suelen implicar que dejemos aquello que más queremos. Fue mi visita “casi obligada” de todos los sábados por la mañana durante todos estos años que llevo en Lugo, con él aprendí muchísimo de los vinos españoles, y franceses y portugueses, y aprendí de la vida en general porque más de una copa de vino hemos compartido, y ustedes saben tanto como yo que acompañando a buen vino no hay nada mejor que una buena charla, te lleve la misma por donde te lleve… En las Delicias conocí los vinos de muchos pequeños grandes, la lista sería interminable si comienzo a enumerarlos. Me acuerdo como si fuese hoy del primero que me vendió, LA MULTA 2013 del Escocés Volante (una tremenda garnacha joven, sellada con tapa a rosca por la magra suma de 5 €). Si no es a día de hoy el vino con mejor RPC he tomado en mi vida, le pasa muy cerca. Y así pasaron los años… entre charlas y copas vacías.

Mientras nos estábamos yendo, entre que cerraba el ordenador y acomodaba unas cosas para decir adiós definitivamente, yo pensaba qué vino pedirle para escribir esta nota. Tenía que sería algo especial como casi todo lo que Rafa ofrecía… Un par de ventas de último minuto retrasaron la partida y me despejaron la mente… EL CARRO 2013, de Rafa Bernabé iba a ser! 

No tuve mejor despedida que esta auténtica joya, que aún se mantiene viva, fresca, filosa, compleja, exquisita y radical como la primera vez que la probé! 



Nos seguiremos viendo, seguiremos charlando, será sobre otra barra y quizá otro día…Quizá el tiempo se encargue de nublar un poco este recuerdo, pero para que no desaparezca estarán los vinos que he aprendido a beber contigo, Rafa. Hasta pronto amigo!

Buena vida y buenos y naturales vinos!

Salutes, Rumbovino.

03 abril, 2018

Essencia y Simplemente, a puro Vinho, en Porto

Ya lo he dicho en otro post anterior y lo confirmo cada vez que voy. Portugal es un país extraordinario, lleno de lugares y paisajes hermosos, con ciudades sorprendentes y habitado por una gente cálida y amable como en muy pocos lugares ocurre. Sin dudas es el gran olvidado de casi todos quienes vienen de turismo a Europa, sin siquiera tener una mínima idea de lo que se están perdiendo. 




En el mes de febrero, desde hace algunos años, se organizan en la ciudad de Porto, y al mejor estilo francés, dos eventos de vino simultáneos al que todo apasionado de este mundo vinícola debería asistir. Se trata de Essencia do Vinho y Simplesmente Vinho, ambos se realizan durante el mismo fin de semana y casi en paralelo.

Con dos perfiles diferentes, pero con el objetivo de enamorar a los amantes de la vitivinicultura, ambas convocatorias son imperdibles y bien valen aprovecharlos como excusas para disfrutar de una ciudad llena de magia y encanto y del magnífico vino portugués - lo de magnífico lo pienso y confirmo con cada copa que bebo-.

No terminaría de escribir nunca esta nota si me detengo a narrar los detalles y todos los vinos que catamos, así que solo comentaré algunas particularidades de cada uno para que los que aún no se han acercado a ellos apunten en su agenda esta fecha para el próximo año.

ESSENCIA DO VINHO

Es la Feria de vino más importante de Portugal, se realiza durante 4 días consecutivos comenzando el jueves y finalizando el domingo (solo por la tarde, desde las 15.00 hs.). El lugar elegido es el Palacio de la Bolsa, un increíble y hermoso edificio neoclásico construido a mediados del 1800 considerado como uno de los más hermosos de la ciudad desde todo punto de vista (histórico y arquitectónico). Este año se expusieron más de 3.000 vinos de unos 400 productores de todo el país.

La organización es perfecta, y a pesar de que por momentos se torna agobiante por la gran cantidad de público que asiste, su amplia distribución en 3 plantas y diferentes salas hace que siempre quede algún hueco libre donde poder meterse y catar tranquilo. En todo sentido lo tienen perfectamente ordenado, no falta agua abundante para beber y hay diferentes estaciones donde poder consumir algún “petisco” a muy buen precio (1,5-2 €) si se quiere reponer fuerzas. Además, durante los 4 días que dura el evento hay diferentes actividades relacionadas con el vino, charlas, catas dirigidas, etc.

Los días viernes y sábados son los días más concurridos, por lo que si no les queda más opción que ir alguno de estos dos días recomendamos llegar temprano así evitan colas y luego disponen de toda la tarde para probar con calma. Hemos visto a alguno atropellar todo lo que se les cruzaba con tal de captar alguna copa de vino en los últimos momentos de la noche. Con la entrada te dan una copa grande marca Riedel (casa patrocinante) grabada con el logo que te puedes llevar a casa por unos 4 €. Y para los blogs, periodistas y agentes relacionados a la comunicación del vino existe un contacto en la web donde poder registrarse y la entrada es gratuita para los 4 días (un puntazo). 




Nuestro consejo antes de ir es informarse sobre las bodegas participantes para tener una idea previa de lo que se puede probar (caso contrario la oferta es inagotable y puede llegar a ser complicado organizarse), y al ingreso solicitar un mapa de la localización de cada stand. Quizá su gran tamaño y las innumerables opciones a la hora de seleccionar qué probar sean su principal desventaja. En nuestro caso en particular, este es el segundo año en que asistimos y las dos veces lo hicimos igual. Vamos sin circuito previsto y nos dejamos llevar de aquí para allá, probando los vinos de las bodegas que nos encontramos y disfrutamos de ellos con cada trago. Esas son las ventajas de conocer aún muy poco los vinos portugueses y con esto dejarse sorprender con sus diferentes DO y expresiones. Es una experiencia maravillosa en todo sentido.

Vinos: de todo lo que probamos, que fue mucho y muy bueno, destaco los vinos de NIEPOORTque son extraordinarios cualquiera de ellos (pude reprobar el Ladredo, elaborado en Guímaro, y que considero de los más finos y elegantes tintos de la Ribeira Sacra) y quiero mencionar un vino que me sorprendió muchísimo, el Quinta Do Cardo Vinha Do Castelo 2014, un tinto biológico a base de Tinta Roriz que es la pura expresión del terruño (un espectáculo).

El resultado de Essencia do Vinho 2018, es que no vemos la hora de que llegue la del 2019! Felicitaciones!



SIMPLESMENTE VINHO

Este es el evento alternativo y absolutamente diferente al anterior, en todo sentido. Desde su organización independiente a los expositores participantes y el tipo de público que asiste. Está enfocado a los pequeños viticultores (vignerons de vinos naturales, ecológicos, poco intervenidos y de escasas producciones) principalmente de Portugal, España y este año 2018 también Francia (1 vigneron). Por cuestiones geográficas los productores españoles que más participan del simplesmente vinho son de Galicia, aunque también hay de otras regiones menos representadas.

Otra diferencia que tiene con el otro mega evento es que se realiza solo viernes y sábados por la tarde (desde las 16,00 a las 22,00 hs.) y que el local tiene menos “glamour” pero no por eso desmerece en absoluto. Por segundo año consecutivo se realizó en Cais Novo, unos grandes almacenes abovedados, a la vera del Douro, comenzados a construir en 1750, sostenidos por arcos y columnas que le dan un ambiente íntimo, amplio y mágico al salón. Aquí todo se hace a pulmón y la organización, hay que decirlo, es perfecta también en casi todo aspecto.

Al entrar (el ingreso este año fue de 18€, algo elevado creo) uno recibe una copa con el logo del evento y un pequeño librito que describe al detalle todos los vignerones presentes y un mapa de la localización de cada stand (una barrica de 225 lts.) lo que permite localizarlos perfectamente. Y otro detalle muy bonito de este salón alternativo, y de amigos del vino, es que todos las noches se termina con un grupo de música en vivo. La idea es disfrutar hasta el final de cada día.

Por si a alguno de los comensales le entra la pájara de tanto beber buen vino, se puede saciar el apetito eligiendo algunas de las opciones gastronómicas ofrecidas por los restauradores que participan del Simplemente (este año fueron 3 restaurantes). Y es aquí donde cabe una crítica a la organización, porque más allá de que las ofertas de comida puedan ser más o menos apetecibles, el precio es exageradamente elevado en relación a la calidad y cantidad ofrecida (3 y 5€ cada petisco, es demasiado. Y si a eso sumamos los 18€ la cosa se pone un poco salada). Creo que esto es un punto que debería corregirse porque va en detrimento del gran concepto general que uno se lleva. Otro de los puntos flojos de la organización es que es muy difícil acceder a agua, no la venden y tampoco hay lugares donde surtirse de ella. Para poder beberla hay que pedirla a los viticultores.

Así como remarco lo mejorable, destaco lo muy bueno de esta feria y sin dudas el punto fuerte está en la calidad de los vinos ofrecidos, los vignerones presentes y la disposición de cada uno de ellos a explicar al detalle cada uno de sus productos (este aspecto, en general no es común en los eventos de este tipo). Un auténtico paraíso para los amantes de los vinos diferentes. 




Vinos: Al igual que antes, voy a mencionar algunos que me dejaron mejor recuerdo por diferentes o desconocidos. Pero, aclaro nuevamente, todo lo bebido estuvo a la altura de lo esperado. De Portugal, los vinos de HUMUS, de la región de Óbidos, imperdibles. MONTE DA CASTELEJA, vinos orgánicos de la región del Algarbe. Todos los vinos de la región de BAIRRADA que cada día me gustan más. De España, destaco los vinos de Bodega MARAÑONES (de los pioneros en vinos orgánicos), el nuevo proyecto EL HATO Y EL GARABATO de la zona de Arribes de Duero (buena pinta tiene este emprendimiento), los vinos de Finca 2016 de LA DEL TERRENO, y todo lo del proyecto ENVÍNATE que no fallan nunca.

Para cerrar el fin de semana perfecto les recomendamos perderse entre las callejas de Porto, pasear el mercado, las iglesias, la estación de tren y agotar ambas márgenes de la ribera del Douro hasta caer rendidos a los pies de un extraordinario Bacallao a Broa y la Tarta de Queso capaz de resucitar a un muerto en la Abadia de Porto.

Estimados y apasionados vinícolas, si en el próximo año se lo pierden no será porque no se los avisé!!

Buena vida y naturales vinos!

Salud,




Rumbovino 

Casi 8 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable

11 marzo, 2018

PURA VIDA

Seguimos firmes en este nuevo camino que nos hemos trazado con el blog, el de los vinos naturales. Una evolución natural -hablando del asunto- luego de casi 8 años escribiendo sobre vinos primero desde Argentina y ahora en España.

Es cierto que a esta especie de “revolución bloguera” no se llega de un día para otro, se llega lentamente, leyendo, aprendiendo, creyendo, probando, escuchando, cambiando… profundamente. Pero lo mejor es que estos cambios, que se maduran, llegan para quedarse. No son modas, que en el mundo del vino abundan. Las modas llegan y pasan. Quienes cultivan y elaboran los vinos naturales, así como quienes los compramos, bebemos, disfrutamos y quienes además escribimos sobre ellos (en nuestro caso ocupamos ambos sitios) lo hacemos porque creemos en ellos como expresión y como forma de vida, a pesar de que somos conscientes de que el camino elegido es el más difícil de transitar. Pregunten a los viticultores que dejan su piel a diario en sus viñas, cuánto les cuesta vender sus vinos; y a los que los comunicamos cuánta gente menos nos lee.

Hemos llegado hasta aquí convencidos de que de la misma manera en que vivimos, convivimos y nos alimentamos, deseamos beber. Así que así seguiremos…

Hoy tenemos una Garnacha 100% que procede de viñedos ecológicos y muy vivos de la zona de la Alpujarra (Almería), que se llama Pura Vida (2016) y es elaborado por Rober y María del Mar en su proyecto familiar de vinos artesanales (Vinos Fondón). 




Pura Vida 2016, 100% Garnacha y Amor reza su atrevida etiqueta. Y el vino es tal cual. Comenzando con un color rojo rubí atejado, de capa media baja, levemente turbio y con mucha lágrima, que no esconde su naturaleza. De nariz expresiva, no muy compleja, pero rica. Es pura fruta roja fresca, con notas de naranja sanguina y algún matiz herbáceo. En boca es igual, súper frutal, directo, de taninos finos, fresco y equilibrado con esa calidez final típica de la garnacha en su punto de madurez. Para beber por litros y disfrutar.

Pura Vida, pura uva garnacha sin vueltas ni sulfitos. Pura viña y pura verdad. Sobre 9,5 € su precio en tienda. Lo acompañamos con pastas y quedó una cena fantástica, sana y nutritiva. 


Fotos Manuel Palenzuela, tomadas de la página de Facebook


Buena vida y naturales vinos amigos!

Salutes,

Rumbovino, casi 8 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

04 marzo, 2018

Viña Enebro, pura uva

Debo reconocer que la primera impresión no fue buena… no hubo amor a primera vista ni a primer olfato. Es que los vinos naturales son así, no se dejan querer de entrada -sobre todo por los que venimos de los productos más convencionales- porque lo bueno está dentro y hay que dejarlo salir. Son vinos que raramente enamoran con su aspecto o con sus aromas finos y elegantes… como dije, su verdadera esencia está en su cuerpo, en su líquido y esto casi nunca defrauda. 




Viña Enebro Joven, elaborado con uvas Monastrell 100% de viñas de la región de Bullas (Murcia) en cultivo de secano (no se riegan las vides, solo reciben agua cuando llueve y en esta zona la lluvia es más que escasa) trabajado por Juan Pascual López totalmente en ecológico en su pequeña finca familiar, donde la viña comparte espacio con otros cultivos tradicionales de la región mediterránea (frutales, olivos, almendros). 

Un vino que es solo uva pura, sana, equilibrada y madura, fermentada con sus levaduras autóctonas, de las que vienen en sus pieles desde la viña y que forman parte del ADN único e irrepetible de ese terruño. Sin intervención, sin adición ninguna de sulfitos (obviamente), solo depósitos de inox pequeños limpios y mucho cuidado dan como resultado un vino honesto, exquisito, con una boca plena, sabrosa y madura, donde destacan las notas de fruta negra, frutos secos, higos y pasas junto a una leve mineralidad y acidez equilibradas que hacen un conjunto armónico para no dejar de beber hasta que la botella toque el fondo… 

Lo que me estaba perdiendo! Un tinto amable con la naturaleza, con nuestro cuerpo y mente y con nuestro bolsillo (aprox. 9€ en tienda). 

¿Qué más se le puede pedir? Prueben y me cuentan!

Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino (más natural).

Casi 8 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable

05 febrero, 2018

Los vinos de la Tierra

Lo comentaba en la entrada anterior a este post. Nueva etapa, nuevos tiempos, mismo camino, pero hacia un horizonte mucho más diáfano en cuanto a lo que pretendemos del blog y lo que deseamos difundir; tanto es así que hasta hemos decidido modificar un poquito nuestro nombre original, el que llevamos desde el principio, y agregar una definición que creemos refleja mejor ese rumbo que nos habíamos trazado pero no habíamos plasmado aún de manera oficial. “Rumbovino más natural” porque desde ahora los vinos desnudos (así como los llamara alguna vez el grandísimo Ricardo Santos en una nota que escribió para Área del Vino), los que pare la tierra, serán los principales protagonistas . 

Para inaugurar esta nueva andadura decidí ponerme al día con una nota que debía escribir desde hace tiempo, desde que Laura Lorenzo (alma mater de DATERRA VITICULTORES) nos respondió una entrevista para los AWB y no pude acompañarla de una cata de alguno de sus vinos, porque son escasos y difíciles de conseguir, pero que en esta nueva cosecha que acaba de salir no se me escaparon. Hoy comenzamos con dos etiquetas de su línea más baja PORTELA DO VENTO 2016 y CASAS DE ENRIBA 2016.

Los que se mueven en este mundo del vino seguramente conozcan el proyecto DATERRA VITICULTORES (Viticultura de Montaña). Se desarrolla en base a algunas premisas fundamentales como son el respeto por la tierra y el medioambiente, defender una viticultura racional y no intervencionista, pero sobre todo por transmitir el potencial que tiene una zona tan especial y con tanta historia para el desarrollo de la vitivinicultura como el Val do Bibei, en las laderas de Manzaneda, a caballo entre la Ribeira Sacra y Valdeorras. 

Y justamente de eso se trata la cosa, de elaborar vinos respetuosos de su lugar de origen. Sus líneas más básicas, de las que hablaré hoy, ilustran la expresión de una región a través de las uvas obtenidas de diferentes viñas. Sus otras líneas representan una finca, un lugar pequeño, minúsculo, en un universo mayor.


Tinto mixtura de uvas Mencía (90%) y aportes minoritarios de Alicante, Merenzao, Mouraton y Gran Negro obtenidas de viñedos de Chateiro (Sober, Lugo) y Tierras de Trives (Ourense) de entre 350 y 700 metros de altitud, sobre suelos graníticos y textura franco arenosa. 

Vinificación tradicional con un despalillado parcial, fermentación espontánea con levaduras indígenas, maceración con pieles durante 11 días y crianza en tinas de roble francés nuevas de 4000 lts y barricas usadas de 225 lts. No se utiliza ningún tipo de aditivo. Solo dosis mínima de sulfitos. No se clarifica ni se filtra. Tiene solo 6 meses de embotellado.

Color rojo rubí de capa media-baja, fluido y de lágrimas finas. Su nariz delicada no esconde su origen, con aire gana en volumen, pero es más de susurros de que alaridos. Notas donde destacan principalmente los balsámicos, leves florales, frutos rojos y hierbas aromáticas (laurel y romero). En boca resulta ágil, vertical, con frescura y mineralidad marcada, pero con buen equilibrio ya que tanto la fruta negra con la crianza se hacen más expresivas al paladar. 

Aunque estoy seguro que va a seguir creciendo en botella (lo esperaría unos meses más), es mucho más que una declaración de intenciones de lo que se pretende transmitir con su proyecto. Nadie dudaría del origen de este vino, ni el menos experimentado. 

En lo personal esta Portela, que me devuelve a los aromas y sabores de antes, me ha gustado muchísimo. También entiendo que a día de hoy, muchos paladares acostumbrados a los barnices no logren apreciarlo en plenitud. Abstenerse los buscadores de clásicos. 

Son 6052 botellas de esta añada (5312 la mía). 12,5 % vol. Su precio ronda los 13,5€ aprox. Si lo encuentran ni lo duden.





Solo uva Mencía obtenida de viñedos localizados en Portomourisco (Petín, Ourense) a una altitud de 550 mtsy sobre terreno granítico y textura franco-arcillosa. Maceración con hollejos durante 5 días, fermentación espontánea con levaduras indígenas y crianza de 10meses en barricas francesas usadas de 500 lts y y cuba de castaño nueva de 1000 lts. Ni clarificado, ni aditivos, ni filtrado. Dosis mínima de sulfitos. Solo 2623 botellas (1222 la mía) y 13,5% vol. 

Otro que no se corta un pelo al momento de gritar a viva voz de dónde proviene. Fiel reflejo de la Mencía de Valdeorras tanto en nariz como en el paladar. De un rojo picota más apago y cierta turbidez, lógica en este tipo de vinos “más naturales”, las lágrimas marchan gruesas de regreso al fondo al agitar la copa. Más fruta (entre especias y balsámicos) y menos verticalidad con esa calidez que entrega el sol en esta región. Ojo que digo calidez y no dulzor. Hay frescura de sobra para sostener la fuerza de la fruta y beberlo por litros disfrutando cada trago. Más redondo y para paladares más amplios que su hermano del otro lado de la ladera.

Otro gran vino que cuenta otro cuento diferente al de la mayoría y a precio de cualquier bolsillo (13,5€ aprox). 

Me quedan ganas de seguir escribiendo y seguir probando. Me quedan sus blancos y sus vinos de finca… estoy seguro que volveré a hablar de ellos.


Buena vida, buenos vinos y, cuanto más naturales mejor. 

Rumbovino 

22 enero, 2018

Nuevo año, mismo Rumbo

Luego de algunos meses de ausencia del blog que me sirvieron para reflexionar y mirarlo desde otra perspectiva, y antes de adentrarme en un 2018 en el que intentaré escribir un poco más y un poco mejor, me pareció interesante retomarlo profundizando sobre algunas cuestiones fundamentales que cualquier bloguero de vinos debería plantearse. Por qué escribo de vinos, qué vinos publico y con qué objetivos lo hago. Considero que tener claros estos conceptos es imprescindible para sostener a pulmón un espacio como este en tiempos donde justamente es tiempo –para escribir– lo que falta y ofertas –de lectura– las que sobran.

Con respecto al primer interrogante no voy a extenderme en demasía porque el asunto es simple. Escribo el blog porque me gusta hacerlo. Los objetivos son igualmente sencillos, quiero que cualquier persona (profesional o aficionado) pueda encontrar un espacio donde se escribe sobre vinos sin más intención que la comunicación. No acepto muestras a cambio de notas y todo lo que publico lo pago con dinero de mi bolsillo (con excepción de algún que otro regalo). Finalmente el tema álgido está en la pregunta sobre ¿qué vinos publico?, y sobre esto, sí que voy a sentar postura.

Luego de casi 8 años de escribir el blog con la intensión de comunicar los vinos que me gustan desde un lugar minúsculo pero independiente, he llegado a la conclusión de que he cambiado y que mis gustos han cambiado hasta alcanzar un punto sin posibilidad alguna de retorno. Ya sé que esto que estoy diciendo no es ninguna revelación ni nada que se le parezca, es más vale una obviedad porque todos cambiamos nuestros gustos y costumbres con el tiempo; pero el fondo del asunto es el final de lo que escribo, donde digo que “he llegado a un punto sin retorno” como los aviones cuando antes de despegar llegan a una velocidad donde ya no pueden detenerse y solo les queda levantar vuelo. Algo así, pero con el gusto del vino. Hay cosas a las que no quiero volver y de las que no quiero volver a escribir!

Para explicarme mejor y ser más gráfico, transcribo parte de una de las entradas que publicaba en los inicios de Rumbovino. Eran los vinos que me “chiflaban” en aquel momento (de los que NO me arrepiento, eso que quede claro) y los que se llevaban los puntos y las alabanzas de todos los sabios de las revistas especializadas…

“Este tinto de 15,5 % vol. es potencia, potencia y potencia pura!! …. Impactante tanto en color como en estructura, robusto, denso, viscoso y gran presencia…. De aromas y sabores algo apagados, les cuesta soltarse al principio pero con algo de aire sus exquisitas notas de madera y fruta madura inundan la copa… Es de esos vinos que cumplen perfectamente con los cánones de los vinos modernos, aunque aún le resta equilibrarse un poco, redondear sus taninos….. No obstante a mí estos vinos me chiflan y ni hablar si se acompaña de….” Rumbovino, febrero de 2011.

Estoy seguro que sin haber disfrutado esos vinos no hubiese llegado a esta evolución, lógica creo yo, que hacemos todos los que llevamos andados unos cuantos kilómetros en este mundo vinícola. Los vinos que publico actualmente y seguiré publicando en mi blog ya nada tienen que ver con los de antes, ya lo habrán notado los que me leen con cierta frecuencia, porque me declaré en rebeldía comunicacional contra esos productos barnizados y sin alma que no reconocían terruños ni varietales.

Mis vinos más o menos frescos, de poco o mucho grado, elegantes o robustos, tintos o blancos, tranquilos o con burbujas son y serán de la tierra, tendrán algo que decir y lo dirán claramente más allá de lo que opinen los que puntúan (ahora parece que han cambiado los gustos) y los que dictan las normas. Mis vinos serán más La Perdida y menos Michell Rolland. Serán más barro que madera, más viticultor y menos industria, pero sobre todo más verdad que mentira (abstenerse los que usan gratuitamente el texto de ecológico o natural para ofrecer lo mismo de siempre a cambio de más dinero). 

Esta es la respuesta a la pregunta sobre ¿qué vino publico en mi blog?

Seguiré entonces, transitando el camino de este blog a mayor o menor velocidad pero siempre hablando de vinos que me hablan de algo distinto. 







Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

7 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

15 octubre, 2017

CIVIDADE Edición Limitada 2016

No me cansaré de decirlo. La Ribeira Sacra es un paraíso que esconde unos paisajes tan espectaculares como complejos para la producción de uva. Viñedos a pie de río, a los que aún a pesar del avance tecnológico en el que estamos inmersos solo se puede acceder mediante barcas, igual que hace 60 años. Vides añejas enclavadas en la piedra (hay que saber observar muy bien para encontrar una pizca de tierra) dispuestas sobre terrazas en pendientes casi verticales que abruman. 

Tomada de la web


De estos paisajes hay muchos en las riberas del Sil y el Miño, pero unos son más espectaculares que otros. Sin embargo creo que no me equivoco si digo que de todos, al menos de los que conozco en persona, la viña A CIVIDADE (Adega Verao) a orillas del Sil es una de las más hermosas y extremas. No existe ninguna posibilidad de quitar las uvas de la parte baja de no ser mediante embarcaciones. 

Desde siempre las uvas cultivadas y cosechadas en esta viña se mezclaron con las de otras fincas para dar origen a un único vino tinto, CIVIDADE, que en RPC siempre supo dar la talla. Sin embargo no sé si la decisión, además de brindar un homenaje a José Verao, se debió también a que los vinos de parcela cada vez se valoran más (alcanzando precios a veces escandalosos) y esta es una finca extraordinaria que merece tener su propio vino, pero en la vendimia del 2016 estas uvas se vinificaron por separado y con ellas se elaboró un vino extremo como su viñedo, que dio para una tirada de tan solo 700 botellas. Decidieron llamarlo CIVIDADE EDICIÓN LIMITADA 2016 (En homenaxe a José Verao)




El resultado es la fiel expresión del terruño que lo gesta, sin dejar un ápice a la confusión. Me recordó a los vinos de la Ribeira Sacra que tomaba hace años atrás cuando recién los conocí. De haberlo catado a ciegas les aseguro que hubiese imaginado que detrás de él habría un paisaje así. 

Rojo picota con reflejos rubíes, brillante y limpio. De lágrimas densas y finas. Nariz intensa con mixturas de fruta roja fresca, especias, monte bajo y notas suaves de madera que se perciben con un caramelo de azúcar tostada. En boca es fresco, vertical, levemente amargo y con una marcada mineralidad que es su columna vertebral y señal de identidad.

Un vino exquisito que me trasladó en el tiempo y que estará mucho mejor aún, de escasa producción y arriesgada decisión ya que imagino que su vino base se verá afectado, pero que se agradece porque nos permite a los amantes del vino y en especial de los Ribeira Sacra poder disfrutar este paisaje sin invertir una pequeña fortuna para hacerse con una botella. 

Precio aproximado 16 €. RPC Muy Buena. Lamento tener solo dos botellas más.

Buena vida y buenos vinos,

Salute. Rumbovino.

7 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

01 octubre, 2017

La del Terreno

Uno de los principales motivos por los que últimamente le dedico poco tiempo al blog no tiene nada que ver con que me haya vuelto abstemio, sino con que no suelo encontrar vinos que me estimulen lo suficiente como para escribir de ellos. No sé bien lo que está pasando, pero antes bebía menos y escribía más, y ahora que bebo más, escribo menos, vaya controversia. Lo cierto es que a pesar de lo que recen muchas etiquetas que se muestran como rompedoras desde el propio concepto enológico, no siento que eso se transforme en un vino diferente, pero sí en un producto más caro…. Más o menos lo que me encuentro es siempre lo mismo.

Sin embargo a veces ocurre que sí aparecen productos que te mueven el piso y muestran otra cosa. Este es el caso de este tinto elaborado por Julia Casado y que lleva por nombre La del Terreno. Un 100% Monastrell de la cosecha del 2015 de la DOP Jumilla, elaborado en modo ecológico (no se usan agroquímicos en las viñas, se pisa y fermenta sin adición de químicos y se embotella con el 10% del total de sulfitos permitidos). 




Este vino es un verdadero soplo de aire fresco en tanto clima caldoso. No busquen el él los prototipos tradicionales de la gran mayoría de los tintos porque nos los hay, no esperen notas explosivas a fruta roja madura, ni dulzores compotados, ni la vainillita de la madera. Si quieren eso, definitivamente este no es su vino. Aquí lo que hay, a mi modo de verlo y entenderlo, es terruño en estado puro. Los suelos calcáreos que sostienen los viejos viñedos de Monastrell se metieron dentro de la botella y se encerraron con un corcho. Así de sencillo. Mineralidad pura, cal pura, verticalidad y frescura de principio a fin (he leído una cata de este vino donde lo describen con notas a frutos negros maduros… no es mi caso, para mí este vino va por otro lado y no es justamente por el de la fruta). Tiene además un ligero amargor que acompaña cada trago y una sinceridad que abruma.

Realmente un vino que decidió transitar por el camino más difícil que es el de no gustar seguro a todo el mundo, pero el de mostrarse tal cual es, sin maquillajes y sin más carta de presentación que un terruño (con todo lo que lo conforma) y una enóloga que lo supo interpretar. Para aplaudir! Debería haber más vinos así!

Precio: 17,9€, RPC: Muy Buena

Mis felicitaciones y mis más sinceros deseos de que el mercado no lo desvíe de su rumbo. Sin dudas tiene un gran desafío por delante.

Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

7 años comunicando la cultura del vino, en favor del consumo moderado y responsable

24 septiembre, 2017

GEWURSTRAMINER 2015, de LUNA BEBERIDE

Quienes sigan este blog saben, y quienes no lo hagan lo pueden comprobar con sólo echar un vistazo, que sobre todo habla de tintos. En general son, con diferencia, los vinos más me gustan y de los que más escribo. Los blancos también me gustan, pero son pocos los que me sorprenden al punto de sentarme a escribir de ellos. Por eso vengo hoy con este Gewurztraminer 2015 de Luna Beberide, una excelente Bodega del Bierzo de la que realmente no he hablado mucho, y que me pareció un exponente diferente y muy recomendable.

Hace casi un año que me lo regalaron y lo dejé en estiva un tiempo –me gusta que los blancos cuenten con algo de guarda antes de probarlos- y anoche lo pusimos a prueba acompañado de un exquisita tortilla de patatas con cebolla y una ensalada muy sabrosa.




Mostraba un color amarillo ambarino, limpio y brillante. Con lágrima fina y un excelente aspecto visual. En nariz me sorprendió su complejidad aromática mixturando notas de caramelo (sí, leen bien), peras confitadas, cascara de limón con suaves herbales y un fondo como de flores que suele caracterizar a estos cepajes alsacianos. En boca resultó vibrante, lineal, con mucha frescura pero con un correcto equilibrio general. Sosteniéndolo en la boca tenía volumen y hasta una cierta textura grasa que lo hacía muy interesante. Si bien las notas cítricas son las que mandan, están bien acompañadas de un suave dulzor que nunca llega a ser goloso y que lo hace muy fácil de beber y disfrutar.

Una más que correcta factura y una muy buena pero arriesgada apuesta por una cepa muy poco común, y que cultivada en una región calurosa y soleada como el Bierzo tenía muchas probabilidades de fracasar, al menos en los papeles. Ya ven que el resultado es más que bueno, sobre todo si pensamos que su precio no llega ni a los 9€. RPC Muy buena. Lo volvería a comprar sin dudarlo.


Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

7 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

08 septiembre, 2017

La verdadera Viticultura Heroica

El término viticultura heroica a veces se usa un poco a la ligera, más como herramienta de marketing de algunas bodegas para vender un vino que como lo que realmente es, gente que se juega la vida cada vez que pisa la viña. 

Los consumidores que en ocasiones se quejan por el precio de estos vinos deberían ver este espectacular video. Estoy seguro que además de disfrutar mientras lo ven, lo van a seguir haciendo cada vez que beban un trago de estas joyas elaboradas con esfuerzo, pasión y ese cierto grado de locura que necesitan los viticultores heroicos de la Ribeira Sacra. 

Hasta que ahora les parece barato lo que pagan por ellos?

Un sueño de lugar que tengo la suerte de tener a unos pocos kilómetros de mi casa... Lo dicho, a disfrutar....




Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

7 años difundiendo la vitivinicultura yen favor del consumo moderado y responsable

21 agosto, 2017

El Valle del Loira. #MiPrimeraVez con el vino. Diez años después

El Valle del Loira es sin dudas uno de los más hermosos de toda Francia. Salpicado de majestuosos palacios renacentistas y castillos medievales a lo largo de toda la ribera del río, este lugar es una auténtica maravilla para conocer y disfrutar. Uno podría pasearse un mes entero de un lado a otro recorriendo cada rincón sin cansarse, siempre acompañado de la florida campiña francesa y de los encantadores pueblos que atraviesa cualquiera de los caminos que escoja para uno para moverse. Andar estos lugares les aseguro que es un placer.

Pero el Valle del río Loira además de paisaje y palacios es vino en estado puro. Y de esto quiero escribir hoy.

Es una región que actualmente ostenta mucho menos nombre y glamour que Burdeos o Borgoña, pero que produce vinos de calidad desde la Alta Edad Media y en su momento fueron de los más famosos de todo Francia e incluso de Inglaterra. Esta zona está localizada más al norte de Burdeos, se extiende a los márgenes del río Loira desde el Atlántico junto a la ciudad de Nantes, hacia Orleans, y desde aquí hacia el sudeste, hasta los límites de Borgoña, al norte con Chablis y al sur con Beaujolais y el principio del Ródano norte. Debido a su extensión el clima es bastante cambiante, aunque en general es menos calurosa, algo más húmeda y con suelos diversos que van desde calcáreos (nunca vi tanto suelo calizo junto) hasta arcilla, arena, grava, sílex o esquistos. Por clima y terruño se caracteriza por producir vinos frescos y elegantes, aunque el cambio climático también ha mutado esta región y el perfil de a poco va cambiando. 


En elaboración de vinos blancos, su principal producción, sorprende con la uva Chenin Blanc (bastante escasa en casi todo el mundo) y la Sauvignon blanc. No obstante en tintos hay una cepa que es la reina indiscutible, la Cabernet Franc. Está presente en casi el 100% de los vinos que se elaboran en esta región. Fundamentalmente se produce en los alrededores de Chinon y Saumur.


¿Tiene que ver esto que les cuento con la propuesta de AWB? Sí y mucho. Haciendo repaso de mi vida ligada al mundo del vino no tuve ninguna duda a la hora de seleccionar sobre qué iba a escribir porque fue ahí, en el Valle de Loira, donde me uní a esta bebida definitivamente. Este lugar plantó la semilla de lo que luego fue Rumbovino. Sin dudas fue #MiPrimeraVez con el vino.

Hace exactamente diez años cuando visitamos el Valle del Loira por primera y única vez hasta hoy. Recuerdo que con un magrísimo presupuesto nos pasamos 9 días recorriendo castillos y el único “lujo” que nos dábamos era el descorchar un vino diferente cada noche para acompañar quesos, salames y sardinas que era la cena estándar de todos los días. Fue un viaje definitivo…..Desde que nos fuimos en mayo del 2007 quise volver. Nos quedaron muchas cosas pendientes, como en cada viaje que hacemos. Dicen que en los lugares que te gustan mucho nunca debes visitarlos completos, ya que hay que dejarse una excusa para poder volver. Y así fue. Volvimos tras 10 años. Ya no somos los mismos, pero fue como aquella primera vez. Fueron tan solo dos días de regreso de la Bretaña, pero igualmente intensos y emocionantes. 




Hicimos campamento base en Angers, hermosa ciudad llena de vida, con fantástico Château que no se deben perder. Con un calor criminal (muy raro en esta región donde brilla el sol pero el calor nunca sofoca) anduvimos los dos días sin parar. Con el objetivo de no prolongar la agonía de los lectores solo voy a contarles las visitas a las bodegas excavadas en la montaña. Uno de los atractivos ligados al vino más interesantes que les recomiendo en esta región y que nos quedó pendiente aquella vez.

El segundo día aprovechando la frescura de la mañana, salimos tempranito del hotel y tomamos la carretera D-952 bordeando el río Loira hasta Saumur (un trayecto magnífico para hacer con calma disfrutando cada kilómetro). Dimos un paseo por este pintoresco pueblo con un hermoso Castillo y desde allí seguimos camino a Chinon. Si bien todos los pueblos del Valle del Loira viven de la cultura del vino, es en este camino en concreto (desde Saumur a Chinon) donde quizá se encuentra la mayor cantidad de bodegas excavadas en la roca caliza. Solo es cuestión de elegir dónde uno quiere parar. Todas están abiertas al público. Ninguna cobra la visita y la cata siempre es gratuita. Si el vino te gusta puedes comprar y si no, simplemente puedes visitar las cuevas y seguir tu ruta sin problemas. Es así, los viticultores viven de vender su vino, no de las palabras de un guía o de las obras faraónicas diseñadas por un arquitecto de renombre.

Visitamos dos bodegas troglodíticas (se publicitan así). Muy distintas una de otra. La primera Domaine Filliareau 
localizada en la zona tintorera por excelencia de Saumur-Champgny era un auténtico palacio excavado en la roca caliza. Actualmente ya no elaboran su vino allí. Solo quedan recuerdos de lo que fue, pero hay que verlo porque vale la pena. La sala de ventas estaba al lado. Allí catamos varios vinos, uno mejor que otro (¿el lugar ayuda a vender? Puede ser. Pero los vinos estaban soberbios. Frutas, hierbas, frescura y mineralidad para regalar).

La segunda que visitamos estaba ubicada a solo 1 km de Chinon, Cave Monplaisir, nos dejó boquiabiertos. Hace más de 100 años que se elabora el vino en ese lugar. Antiguamente fue una cantera de donde sacaban la piedra caliza para la construcción de casas y palacios. Fuera hacía 35 grados. Dentro, solo 12. Al igual que antes, la visita fue gratuita. Nos indicaron por donde debíamos entrar y de allí a la aventura. Nos metimos en las entrañas de la montaña… en las cuevas que se extendían de un lado a otro como un laberinto lo primero que nos encontramos fueron vinos antiguos en estiba, botellas repletas de mohos que apenas dejaban ver el vidrio y que algunos de ellos llevaban descansando unos 40 años. Más adentro (o afuera, no lo sé, uno se pierde ahí dentro) llegamos a la sala de barricas. Inmensa, barricas viejas llenas de moho y otras más nuevas con menos moho y que aún dejaban ver el año de la cosecha que llevaban dentro (2014, 2015, 2016). Todos tintos. Todos Cabernet Franc, algunos nacidos de los viñedos que teníamos sobre nuestras cabezas en la zona alta de la colina y otros procedentes de viñas más bajas, pegadas al río sobre suelos de grava y arcilla. 



Al salir nos esperaba el dueño para hacer la cata. Un auténtico vigneron. No recuerdo el nombre la verdad, pero hablaba bastante bien el español así que además nos contó de cada uno de los vinos que degustamos (creo que fueron 6 o 7, todos con la impronta inconfundible y exquisita del Cabernte Franc del Valle del Loira). Habló de las fincas, del terruño, de la elaboración, la estiba…todo lo que se me ocurrió preguntar y pudo contestar. Un lujo, vamos.

Llegó la hora de irnos, aún nos quedaba el Chateau de Brézé 
por visitar(no se pierdan sus subterráneos) y luego desandar el camino a Angers. 

Esta vez, al igual que hacía 10 años, nos fuimos para volver. No sabemos cuándo, pero seguramente les contaré dentro de algún tiempo nuevamente #MiPrimeraVez en el Valle del Loira. 

Buena vida y buenos vinos,

Salutes. Rumbovino.

7 años difundiendo la cultura del vino

31 julio, 2017

Saint-Emilion, vino y mucho más...

Está claro que los todos los viticultores, enólogos y demás actores que forman parte del vino del nuevo mundo crecimos mirando al viejo mundo. Intentamos diferenciarnos con monovarietales, propuestas transgresoras y fantásticos terruños, pero desde el principio importamos sus cepajes autóctonos y seguimos sus pasos mirando a través del “charco”, siempre pendientes de lo que hacían y siempre dispuestos a aprender de los que más sabían del tema. Ellos saben por viejos, por sabios, no por otra cosa. Llevan haciendo vinos desde que nosotros andábamos en taparrabos, para qué negarlo. Y si de todo el viejo mundo hay que destacar un nombre o un lugar, estamos de acuerdo que son los viticultores y vinos franceses donde hay que dirigir la mirada. 




En lo personal, aprendí de vinos (si es que algo aprendí) leyendo y escuchando hablar de los famosos coupages de Merlot y Cabernet Sauvignon de Burdeos, los Pinots Noir de la Borgoña, los Chardonnay de Chablis, Syrah del Ródano y de los dulzores alsacianos. Así que desde que entré a este mundillo vinícola tuve ganas de conocer estos legendarios caldos y míticos terruños. Verlos, andarlos, olerlos, beberlos. Sin dudas era mi sueño y el de muchos otros.

Por esas cosas del destino y las decisiones que uno toma en un momento de su vida, hace 3 años vine a vivir a España y, desde aquí, estuve un poquito más cerca de Francia. Luego la rutina y el trabajo pusieron tierra y tiempo de por medio a este sueño hasta que finalmente, de regreso a Galicia de unas vacaciones, casi sin querer queriendo como diría el maravilloso Chespirito, pasamos un día en Saint-Emilion la meca de los vinos bordeleses…

En este pequeño pero hermosísimo y absolutamente recomendable pueblo medieval Francés se huele vino, se respira vino y se vive el vino como en ningún otro lugar que haya podido conocer hasta ahora. Aunque todo hay que decirlo, Saint-Emilion no solos es vino. Posado en un alto de piedra calcárea antiguamente lecho marino, sus construcciones y senderos son de pura caliza, dotándolo de un aspecto pulcro y reluciente a pesar de su edad. No hay que buscar mucho en las paredes de ladrillos calcáreos para encontrarse restos de conchas y caracoles formando parte de su estructura. No pueden dejar de visitar su Iglesia Monolítica (construida en una sola pieza sobre la roca escavada), las catacumbas subterráneas, la cueva donde estuvo y descansan los restos del Monje Emilion y la capilla medieval. Pidan las llaves del campanario, admiren las vistas y piérdanse entre sus callejuelas observando cada rincón. 



El pueblo está rodeado de cientos de pequeñas fincas de unas pocas hectáreas apoyadas sobre tierra casi blanca que hace que su vista desde abajo o desde arriba sea un verdadero espectáculo. En los alrededores de Saint Emilion hay más de 800 productores de vino regitrados. Se ven Chateaus a diestra y siniestra – todos o casi todos visitables para el turismo- y sus calles empinadas están abarrotadas de vinotecas ofreciendo cuanto vino uno sea capaz de asimilar. En la zona baja del pueblo, al igual que en antiguas épocas, encontramos vinos para todos los gustos. Pero en la parte alta, donde vivían los nobles separados de los plebeyos por una cadena que atravesaba la calle sobre un gran arco de piedra que decía hasta acá pueden llegar, uno puede encontrar vinotecas increíbles y todos los vinos de culto que imagina que existen o ha escuchado alguna vez. Un verdadero espectáculo para los amantes del vino. Hay que ir con dinero, eso sí. Quieres un Petrus, Latour, Margaux? Qué cosecha? Allí los tienes.

Estando por fin ahí, con un calor que quemaba todo lo que se cruzaba y con la sapiencia de que quizá durante un tiempo que uno nunca sabe cuánto será no podrá volver a verse en otra oportunidad igual, nos fuimos a visitar una Bodega. La elección fue conocer una cuyos vinos estén clasificados como Grand Cru Classé y además que realicen la visita en Español. Chateau Laniote cumplía ambas condiciones. Reservamos previamente y nos fuimos.


No voy a describir la visita, no tiene sentido contarla, hay que vivirla y tampoco pasará a la historia como la mejor de mi vida. Sin embargo me quedé con algunos datos tanto de la bodega como de la denominación que me resultaron muy interesantes y quiero transmitir.

Detalle de una piedra cualquiera
Poseen una finca de 5 hectáreas. Cada hectárea cuesta dos millones de euros. No hay ninguna posibilidad de comprar un centímetro de tierra por ningún lado. Solo se puede vender a quien pueda pagarla. Es casi imposible heredar a los hijos para que la cultiven porque los impuestos que tiene que pagar los herederos los endeudaría para el resto de sus días. 

Este Chateau produce vino desde 1821. La etiqueta de su vino es la misma desde hace más de 50 años. Solo se elabora un tinto con 80% Merlot y 20% Cabernet Sauvignon. Los precios de sus vinos dependen de la calidad del año. La peor de los últimos años, la del 2013 (27 euros la botella). Durante todo el proceso de vinificación el vino no se corrige en absoluto. Se embotella el año, con todo lo bueno y lo malo que pudo tener. La crianza siempre es de 12 meses en barrica francesa (obvio) nueva y de 2º uso. El 50% de las barricas se cambian cada año. Las últimas añadas dieron caldos de 15% Vol de alcohol. En los últimos 10 o 15 años subió el grado alcohólico en casi 3%. Probamos un 2012 (año calificado como bueno) y era una bomba atómica, con todo integrado pero con muchos años de vida para crecer. Estaba muuuy bueno! Todos los vinos que probamos en esta zona, y en general de Burdeos, son parecidos. Minerales, poderosos y con mucho futuro por delante. Solo utilizan levaduras indígenas. No agregan ni quitan nada, solo hacen selección de grano previo a la fermentación. No usan raspón y cada 10 años pasan una cata a ciegas todos los vinos clasificados como Grand Cru Classé para mantener la calificación. Si tu vino no vale, afuera. El vino es la tierra que sostiene la viña y gesta la uva.

Cerramos el día comiendo a la tardecita una súper hamburguesa (gourmet, eso sí) y un par de birras fresquitas en una terraza fantástica frente a la iglesia monolítica de Saint-Emilion con casi 30º de temperatura y una sonrisa en los labios. Que nos quiten lo bailado.

Un sueño cumplido y un lugar inigualable para vivir y sentir el vino. Nos lo pasamos como niños.

Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

7 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

19 junio, 2017

¿Para beber, Lugo?

Para comer Lugo. Eso se reza el dicho popular. ¿Pero, para beber Lugo? Quizá para beber cañas, porque para beber vinos no estoy tan seguro.

Desde hace un tiempo ya no salgo de vinos por el centro de Lugo con la frecuencia en que lo hacía antes. Un poco porque ya estoy algo antiguo y llevo mucha noche en la espalda, pero quizá lo más importante es porque para un bebedor de vinos como yo, el tener que patearse diez bares para poder conseguir que me sirvan un vino que se beba y no den ganas de dejarlo en la copa termina cansando. Me terminaron aburriendo los típicos Riojas y Riberas de siempre. Casi nadie innovaba en las ofertas ni en las opciones. Siempre era lo mismo y si alguien pedía un vino un poquito “especial” si es que lograba conseguirlo en algún lado, el precio que cobraban por la copa hacía que no te lo vuelvas a plantear nuevamente.

Para finalizar la introducción, y ya que estoy con el teclado caliente, mención aparte merecían los camareros. Y vaya por delante que creo que no es culpa de los ellos sino de los dueños de los bares a los que no les interesa que sus empleados sean profesionales o se formen en la materia lo más mínimo. Prefieren pagar poco y servir mal.

Los camareros, al momento de las recomendaciones la mayoría de ellos ni siquiera sabía qué diferencia había entre un tinto y un blanco más allá del color que ostenta cada uno. Mencía era sinónimo de Ribeira Sacra, Valdeorras, Monterrei y Bierzo. Hubo hasta quien ofrecía Godello tinto, y no se te fuese a ocurrir preguntar qué era un Tempranillo porque la respuesta era un vino elaborado con uvas que se cosechaban temprano. Tal como lo estoy diciendo…

Muralla Romana... Tomada de la web

…Lo cierto es que durante este último tiempo las cosas han cambiado por el centro de Lugo. La zona vieja está cada día más bonita –aunque quedan muchas cosas por mejorar aún- y da gusto sentarse en cualquier terracita a disfrutar de nuestra hermosa ciudad. Los bares se han renovado, las fachadas se arreglaron, florecen nuevas opciones y el ambiente que se respira es fantástico. Pero tras este necesario maquillaje esbozado sobre la superficie, creo que en el fondo las cosas no han cambiado demasiado. Llevo unas cuantas noches saliendo con la intención de comprobar lo que estaba pensando. Y aunque esto que voy a contar no es algo general, mi experiencia y mis amigos me dicen que pasa en una gran mayoría (salvo algunas excepciones).

Relato de una noche de vinos cualquiera por la “nueva zona vieja” de Lugo.

Comenzamos con blancos. Pedimos Godello (cepa que me encanta y que cada día me deja más claro que al reinado de la Albariño le quedan los días contados). Nos dejamos asesorar por los camareros. “Ponnos un Godello de la marca y DO que nos recomiendes”- fue nuestro pedido. Llegaron a nuestra mesa unas etiquetas que jamás habíamos visto. Ni sabíamos que existían (y en lo personal no soy de las personas poco informadas en estos temas). Junto con el vino llegaron los pinchos de tortilla (o algo similar) y las tapas, normales tanto de calidad como de originalidad. Al pedir la cuenta nos soplaron 4,80€ por dos copas. ¿La friolera de 2,40€ cada 90 mililitros de un Godello marca blanca? Pagué como cualquier hijo de vecino y me fui silbando bajito.

Decidimos pasarnos a los tintos en busca de mejor fortuna. “Ponnos un Mencía, pero de Valdeorras” (me apetecía un Mencía de allí). “De Valdeorras no tengo. Tengo de Ribeira Sacra, Monterrei y de Amandi”. Mal seguimos, pensé para mis adentros.

Pedimos Ribeira Sacra (quienes me leen, y conocen, saben que soy un enamorado de sus vinos). Esta vez las etiquetas que llegaron a la mesa nos sonaron a cromos repetidos. Los de siempre, como siempre. Nada nuevo. Vinos de etiquetas históricas de 7 u 8€ de venta al público. Mismo estilo de tapa y pincho. La sorpresa que esperaba en la oferta vinícola que debería acompañar a los nuevos locales me la llevé en el precio. 5 eurazos! Sí sí, 5 eurazos o euritos. Aquí fueron a 2,5€ los 90 mililitros de un vino que al bar le cuesta unos 5€ por botella (o menos).

Me pregunto qué me hubiese costado pedir una copa de alguna etiqueta un poquito diferente. La verdad es que no podría averiguarlo aunque quisiera porque no hay ni un solo bar que la pueda ofrecer.

Mis conclusiones son sencillas. 

1- Continuamos, salvo excepciones, con una oferta de etiquetas de vinos poco originales y además carísimas (subió el precio, pero no la calidad, ni originalidad, de lo ofrecido). No me preocupa pagar ese dinero o más por un vino. Me preocupa pagarlos cuando no lo vale.

2- En Lugo siempre nos caracterizamos por las tapas y pinchos que se ofrecían. Si no eran buenas eran abundantísimas. Actualmente ya no son tan abundantes y salvo excepciones son normales y punto. Para un visitante de fuera están bien, pero para los de aquí son repetitivas y aburridas (y conste que no tengo nada contra la tortilla, las patatas ali oli, las bravas, la ensaladilla ni la ensalada de pastas, por mencionar los clásicos incombustibles).

3- Seguimos con camareros que aun siendo más o menos amables, no saben absolutamente nada de vinos y son incapaces de asesorar a alguien que vaya con intención de conocer un poco más de cerca los maravillosos caldos gallegos. Parece que con un Rioja o Ribera va que chuta. Insisto que no es problema de los camareros. Es problema de los dueños. Una pena.

Arde Lucus, una fiesta imperdible


No voy a nombrar los locales por los que anduvimos porque no viene al caso, pero han sido varios. Tampoco voy a mencionar las excepciones porque no sería justo con los que no visité. Esto es una experiencia personal y parcial (obviamente no puedo visitar todos los bares de Lugo. No me alcanzaría la vida para hacerlo). Pero esta nota intenta ser constructiva. No persigue buscar culpables sino todo lo contrario. Me gustaría que sirva para reflexionar un poco sobre lo que se está ofreciendo a los visitantes, propios y foráneos, de una ciudad como Lugo, con nombre, historia, belleza y una localización estratégica entre las principales DO de Galicia. Creo que se debería cuidar un poquito más al que viene y a los que estamos siempre. Es necesario dar un salto de calidad y profesionalidad (no en los precios, eso ya está) porque a mi modo de verlo, de esa forma la cosa va mal.

Por mi parte, desde ahora, cuando salga de bares pasaré a la cerveza. Al menos, aunque no mucho, me lo agradecerá el bolsillo.

Rumbovino,

Casi 7 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.